Fui capaz de viajar hasta un lugar a no sé cuántos kilómetros de casa. Reconocida por ser ciudadana de a pie y portadora de una mochila en mi espalda que dice “Un auto menos” llegaba a mi destino un tanto cansada, sudorienta y expectante.
Semanas atrás una de las personas más cercana y querida por mí, avalada por su propia experiencia, me convencía para que asistiera a un encuentro llamado “Constelaciones Familiares”. Recuerdo que selló la conversación con una frase gatillante: “Todos los nudos, mochilas que crearon nuestros ancestros los portaran las futuras generaciones”
Y allí estaba, tratando de acomodar mi silla un tanto lejana pero sin perder el equilibrio de lo bien que lucía la sala de encuentro. Una a una llegaban las personas, y yo ya sentía como veinte pares de ojos nos mirábamos entre sí. Casi nadie se conocía, todos extraños. Hombres y mujeres distintas edades, culturas, profesiones, cultos, etc. Solo Marcia, Psicóloga de profesión y su coordinadora nos daban la bienvenida gentilmente. Se trataba de pasar todo el día junto con un break de 20 minutos a media tarde.